viernes, 14 de marzo de 2008

Lugencia Quichel, Bertha Koessler y las adivinanzas del alfarero

Por Tato Corte*

Ahora que decidimos sacar el primer número de "Inalén Minché Melipal", no quiero dejar de relatar algunos hechos que fueron claves en el trabajo de recuperar y difundir las alfarería nativa en el sur de Argentina y tuvieron como protagonista a Lugencia Quichel.
Desde que Rodolfo Casamiquela abrió aquí en Bahía Blanca el magnifico panorama del Poblamiento y la Cultura Sureñas en 1981-82 venía experimentando con arcillas y aplásticos locales, reproduciendo formas vistas en museos y ensayando quemas.
Habíamos obtenido tonos negros, grises y aún las impresiones de hojas (como las piezas del otro lado de la cordillera), pero había algo que no lograba explicar y mucho menos hacer. Muchas piezas del museo del centro de Investigaciones Científicas de Viedma y del Provincial del Neuquén, tenían manchas marrones como de comida pegada, semejante a como cuando olvidamos una olla sobre el fuego, pero no era una costra superpuesta, sino que se presentaban muy impregnadas en la pieza y tenían un brillo de cera.
Por esos años había leído en "Cuentan los Araucanos" de Berta Koessler las adivinanzas del challafe. Advertido del carácter de proyección folklórica de los relatos, me dejé llevar por esos
comentarios y los leí con desconfianza. Se trata de la historia de un famoso alfarero, a quien un joven pide la mano de su hija.
Aún siendo rico el pretendiente, con lo cual la dote estaba asegurada (entre los mapuches, lo valioso del casamiento era la mujer, por ende, había que pagar por ella a sus padres) el viejo challafe negaba a su hija. Como alternativa, le plantea al muchacho una serie de adivinanzas que, en caso de fallar, el joven pagaría con su vida. Afligido y meditabundo obtiene
la ayuda de un cuervo que le entrega una mágica piedra negra; con ésta se hace invisible y escucha y observa a su futuro suegro fanfarronear ante los suyos, los resultados de los acertijos.
Así día tras otro, resuelve cuatro adivinanzas. Enfurecido el challafe, lo somete a la máxima y última prueba: las cuatro referidas al arte de la alfarería.
"La primera es: por fuera es dura, al golpearla se abre empezando a fluir. Parecida al caballo del Gran Amo del cielo azul. Bien parecida es."
La segunda es: corre, corre, cambiando de colores. pero si Antü la ilumina o küref le echa el aliento, se muere. Malvado el viento."
La tercera dice: apenas arrancada de la madre
, vuelve a ella más blanda, diez veces más voluminosa, pero huyendo de la luz y temiendo al viento. Muchos colores tiene la madre, ya separada de la hua-hua está."
"Y por fin, la cuarta es la siguiente: astuto muchacho, golpes recibió la rabia la pateó. Transformándola en vívora-ayayay. El rojo la tornó roja. Luego blanca. Luego de ser encarnada sin relbun, el zumo colorante. después la hizo negra y blanca lágrimas llora, por que blanco tomó que luego se ennegreció."
Veamos las soluciones que nos transmite BK. La primera se refiere a la roca arcilla dura "que al ser golpeada se rompe y desmenuza". Luego, "dejando salir arena
con pajuelas de oro".
¿No se referirá a la mica dorada que está presente en tantas arcillas?
"Que brillan del mismo modo que el caballo de nuestro amo supremo..." ¿El oro de la mica no será el oro del Antü?
La segunda se refiere al agua con que se humedece la pasta que "no debe ser iluminada por el sol ni enfriada por el viento. Hoy, nosotros preferimos el agua estancada porque deshace mejor la arcilla. BK dice que no debe ser de la corriente, y sí desde los remansos donde se aquieta, descansa, entibia y se transparenta. Efectivamente, si el agua de un río gredoso es transparente ha disminuido su velocidad y ha permitido decantar la arcilla y el limo.
La tercera nos explica que la arcilla amasada con arena es diez veces más voluminosa.
Vamos a detenernos en esta frase. Sin duda la arcilla al prepararse se agranda, tanto por el agua y el aplástico incorporado como por la expansión de la arcilla
al mojarse. Sin tomar literalmente, "creciendo así diez veces", y sí en su espíritu, tendríamos que concluir que el challafe en cuestión usaba una arcilla bentonítica altamente expansible. Además dice explícitamente que agregaba arena, que es un aplástico universal.
Este tema es de particular importancia en el modo mapuche de quemar cerámica. Como veremos luego, en la cuarta adivinanza. El manipular la pieza al rojo para su coloración, sacándola del enhornamiento y pasándola por el aire frío antes de sumergirla en un montón de hojas, bosta o lana, requiere -necesariamente- de un porcentaje muy alto de aplásticos en
general. La arena, era uno de esos aplásticos, pero había otro: el üeu. El diccionario del padre Möesbach dice que es molienda de la challaecurá, la piedra para hacer ollas y que se trata , nada más y nada menos, del talco. Aplástico usado especialmente para resolver el problema del choque térmico en las arcillas. Si bien BK nos habla sólo de la arena, esta mención demuestra, lo específico y pertinente que, a la alfarería es la preparación de la pasta.
La mapu-zunun también lo demuestra. Como no ocurre ni con el inglés ni con el castellano, la lengua de la tierra tiene una palabra para designar la arcilla preparada con el aplástico "ruque". En castellano nos conformamos con el genérico "pasta" común a la harinas y otros plásticos. En inglés se repite, como así también lo hacemos en español, el inexacto "clay" o "arcilla" cuando, en realidad, ya se trata de "raq" más "üeu". O sea como dice la lengua de los mapuches con toda precisión, el "ruque" es la arcilla más el aplástico.
Sigamos con el tercer acertijo. La arcilla preparada debe mantenerse lejos del sol y del viento porque al igual que hoy, la secarán. La solución antigua era trabajar al abrigo de un pozo, en la roca madre de arcilla y cerca del río. Donde hay sombra y humedad. Hoy lo resolvemos tapando arcilla y trabajos en bolsas plásticas y bajo techo.
Por fin la cuarta. Comienza refiriéndose al amasado -a golpes y a pata-. El primer método es, muy difundido en Inglaterra. Le dicen "wedging" (acuñando), porque se tira la arcilla contra la mesa abollando la punta de la pella, que así toma la forma de cuña. A pata se amasa en todo el mundo y quien hoy motiva estas líneas, Lugencia Quichel, amasaba a pata sobre un cuero de oveja.
La víbora obviamente es el piulo o soga de arcilla con que se hace el cacharro. Muchos pueblos denominan cuerda o soga a la tira de arcilla. Remite sin duda a la cestería, técnica anterior a la cerámica para hacer vasijas. Hoy, en la Argentina usamos el más gastronómico y carnívoro "chorizo" para designar el piulo mapuche.
Se refiere luego a la sucesión de colores rojo-blanco-negro-blanco. El primero lo explica por el fuego, hay un blanco seguido de negro sin explicar y termina diciendo "con leche los llenas, rebalsando blancas lágrimas."
En enero de 1985 cuando entrevisto a Doña Lucrecia Quichel ya habíamos logrado hacer:
-Piezas negras, utilizando el método de sacarlas del horno y meterlas incandescentes en un pozo con hojas secas, viruta, aserrín o bosta para garantizar una atmósfera reductora. Donde el óxido férrico de la pasta se transforma en ferroso y aún en hierro metálico, el carbón impregna hasta el interior de la pared del cacharro y quedan sustancias propias del comburente que se usó.
-Los grises, los lográbamos poniendo la pieza bien caliente, entre 750-800ºC en pocas hojas verdes y asegurando que se quemaran esa hojas en el pozo. Aquí la atmósfera predominante, hasta que la pieza pierde incandescencia (debajo de los 500ºC) es reductora para neutra.
-Las piezas impresas con el dibujo de las hojas lo lográbamos metiéndolas un poco más frías (700-600ºC) en un pozo con hojas verdes y apretando contra la pared del cacharro la que queríamos grabar. Éstas se enfrían en una atmósfera predominantemente neutra para oxidante y reductora allí donde grabó la hoja.
Estas tres variantes las manejábamos relativamente bien -con las variaciones que hay de las hojas y aserrines según especie y época del año- pero no teníamos explicación de las manchas parecidas a a la olla quemada olvidada sobre la hornalla.
A su vez las soluciones que aportaba BK al cuarto acertijo no hablaba de la quema reductora necesaria para el negro. Nosotros habíamos llegado rápidamente a esto por dos razones: la primera, por que se practica hoy folclóricamente en Pomaire y Quinchamalí (Chile) y en Mina Clavero y Pampa de Achala (Córdoba). A pesar de haber escritos de estos procesos muchos insisten en continuar buscando teñidos vegetales en frío parta explicar el color negro. la segunda razón, es que como ceramista estaba acostumbrado a la idea de sacar piezas al rojo del horno, porque practicaba Raku, una técnica coreano-japonesa. Este concepto es totalmente extraño a la tradición europea, que no concibe la apertura del horno hasta que este no esté totalmente frío.
Lugencia Quichel nació muy cerca de Valdivia, a principios de este siglo o fines de anterior. Mientras vivió en Chile, hasta 1955, hizo alfarería. Muerto su primer esposo, cruzó la cordillera a pié y se instaló en Bariloche, casándose nuevamente tuvo más hijos. desde 1963 vive en Villa Nocito, Bahía blanca.
Lugencia explica que los cacharros se hacen con piulos de una arcilla bien amasada. Nunca se pudo acostumbrar a la que yo preparo con arcilla de Bahía Blanca. Los metahües ceremoniales no deben ser grandes: 12-15 cm. de ancho y alto aproximadamente. Se cocina en un pozo, en el que se hace fuego, cuando hay "pura braza y rescoldo" se pone el cacharro encima (que secó durante semanas) y se tapa con leña. Cuando está al rojo -incandescente- se lo saca y se lo mete en un montón de lana negra. Pasado unos minutos se saca y se mete en leche fría "para dar brillo y firmeza".
Si el metahüe era para uso de la machi en Ngilliatum, entonces en vez de leche, va un jugo de maqui (bien prensado y colado) y sale rojo.
Como es de imaginar a la primera quema siguiente metimos todo en leche. ¡Salían brillantes, lustrosas, y en algunas -cuando nuestra impaciencia nos llevaba a meter la pieza muy caliente- se quemaba y ahí estaban las famosas manchas de las colecciones de museo!
Aprendimos, luego, que sacando el cacharro del pozo reductor cuando perdió la incandescencia -o sea, que no va a volver a encender ni el carbón, ni oxidará el óxido ferroso ni los restos de vegetal- hay que dejar enfriar hasta que se pueda tocar casi con las manos. Esto es alrededor de los 100ºC y entonces, si a la leche.
Ha sido decisivo el testimonio de Lugencia. Confirma la única mención escrita que he visto del uso de la leche. Doña Berta no estaba equivocada y se demostró que mis aprehensiones contra su escrito fueron injustas. La leche es la clave del brillo, cierto temple, una impermeabilización y al igual que el agua fría en el Raku japonés, es lo que garantiza cortar la oxidación que sufre la pieza después de haberla sacado del ámbito reductor.
Debo informar al lector, empero, que hasta hoy, todavía no he mezclado sangre humana con arcilla como nos insiste Berta Koessler.
Y una última cosa, que son dos: adivina adivinador...¿Por qué el alfarero se niega a entregar a su hija habiendo seguridad de la dote? Una ayudita: se la lleva sólo quien conoce los recursos de la alfarería.
¿Cuál era la piedra negra, piedra del cuervo, que revela los secretos del alfarero?

(1) KOESSLER, Bertha: Cuentan los Araucanos. Colección Austral. Espasa calpe. Bs.As. 1954
(2) los japoneses y los coreanos en la preparación de pastas para Raku recomiendan un mínimo
de 25% de aplástico del total de la pasta. La parte aplástica de la pasta se compone por
lo general por arena y chamote y éste a su vez de distintos tamaños de grano.
(3) de MOESBACH, Wilhem: Nuevo diccionario mapuche español. Sringa. Neuquén 1989
(4) ruque: barro preparado para la alfarería, según ERIZE, Esteban: Mapuche. Volumen 3.
Buenos Aires 1987
(5) La cerámica folclórica de Pomaire. Bernardo VALENZUELA ROJAS, citado por CHERTEDi, Susana: Cerámica Chilena. Centro Editor de America Latina. Buenos Aires 1975


*Ceramista, docente e investigador de materiales y técnicas americanas de elaboración alfarera.
El presente artículo fue publicado originalmente en la revista Inalén Minché Melipal, Año 1 Nº 1 Publicación de la Agrupación Mapuche Ina Kutral, conjuntamente con americanistas no indígenas. Bahía Blanca, octubre de 1994

"Mi trabajo es el de un experimentador, diseñador y productor de tecnología pobre y efieciente. Uso por principio filosófico arcillas locales, hornos económicos a leña y gas, quemadores sencillos. Parto de la convicción de que es necesario resolver el piso técnico para que la cerámica vuelva a ser lo que fue: un arte popular." Tato Corte en la revista Cerámica Arte & Técnica Nº 5 agosto-setiembre 1993

1 comentario:

  1. Tato Corte5/11/2008

    Eduardo querido: bueno revisé todo. Había 4, 5 letras de nombres equivocados, Lucrecia por Lugencia, Chertrudi, Siringa...La cuestión es que el releerlo me hizo repensar las cosas: la piedra que al golpear se abre como escamas es el ücu -en el verano del 2006 lo conocí en la laguna Budi- plena araucanía chilena y lo volví a encontrar en paso Hua-Hum (a metros de la escuela que pinté siendo colimba). Ahora, repensándolo, efectivamente es piedra y la golpeás y se abre, llueve escamas, corren las escamas doradas!!!!!!!!bueno habrá que escribir nuevamente!!!!!!! Bárbara la página Eduardo, un placer leerla y gracias por la inclusión y por esta reflexión que me motivaste. Un abrazo tato. PD: mandame una dirección de calle y Nº así te mando originales del artículo. Chau viejo.

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